domingo, 24 de agosto de 2014

El siglo del liberalismo económico

Para terminar con los antecedentes no cercanos de la Primera guerra mundial, abordaremos las demás potencias europeas y Estados Unidos, durante el siglo XIX.

La época victoriana.
Después de las guerras napoleónicas, se vivió un período de relativa paz nunca antes visto en la historia de Europa, lo que favoreció el florecimiento de la economía. Es cierto que hubo varios enfrentamientos y guerras durante el siglo XIX, pero en su mayoría se trataron de disputas locales o que involucraban dos potencias, por ejemplo, las guerras de independencia latinoamericanas, la Guerra de los Bóers, la Guerra franco-prusiana, la Guerra de Estados Unidos contra México, la Guerra ruso-japonesa, guerras que no escalaron más allá del escenario donde se enfrentaban, aunque su repercusiones sí hayan trascendido. Esta paz, sin embargo,  era frágil.
Las mayores beneficiadas de este período pacífico fueron Inglaterra y Francia, las cuales alcanzaron una primacía mundial, la primera, y una hegemonía en Europa la segunda. Esto se debió al auge de sus actividades económicas y a la concordia mutua, después de siglos de guerras entre las dos. Para los ingleses el liberalismo económico pasó a ser un dogma, sin importar si se era whig (liberales) o tory (conservadores) todos evolucionaron el régimen liberal, esto enmarcado en la regencia de la reina Victoria.
La reina Victoria subió al poder siendo muy joven y se casó  con su primo alemán Albert príncipe de Sajonia-Coburgo-Gotha. Contrario a la tradición fue un matrimonio enamorado, de ahí que una de sus ideas para lograr una paz continuada en el continente fuera la de emparejar las diferentes casas reinantes de Europa entre ellas y con sus hijos. Consideraba que si todos los reyes y emperadores eran parientes no podría presentarse una guerra fratricida. No contaba con que la época dorada de las monarquías llegara a su ocaso, y con ello su poder de influencia en las decisiones de cada país. Esta estrategia trajo consigo dos desgracias, la primera, que no logró evitar la guerra y la segunda en el ámbito familiar, la hemofilia. La tradición de emparejar casas dinásticas se presentaba en Europa desde hacía ya mucho tiempo, estás relaciones incestuosas hacían que defectos congénitos pasaran de generación en generación y se acentuaran en lugar de desaparecer. El ejemplo más conocido era el prognatismo (quijada pronunciada) que se presentaba principalmente en la casa de Habsburgo, llegando incluso a extremos en donde algunos príncipes no podían masticar en lo absoluto. Una gran quijada pasó a ser el sello de un rey y símbolo de distinción, tanto que si un hijo no nacía feo, era clara señal de infidelidad de la reina. Esto se debe a la presencia de un gen defectuoso, las relaciones endogámicas aumentan la probabilidad de que los hijos tengan este gen y en el caso extremo de que esta conducta se prolongue por generaciones hace que se incremente más su influencia, el cual era el caso de los Habsburgo y otras casas. Esto mismo sucedió con muchos de los descendientes de la reina Victoria, pero esta vez con la hemofilia, pasando a ser conocida desde entonces como la enfermedad de los reyes. Esta enfermedad tuvo una inopinada influencia en el desenlace de la Primera guerra mundial, ya que el biznieto de la reina era el zarévich Alexéi, hemofílico y por cuyos padecimientos su madre, la emperatriz Aleksandra Románova (nieta preferida de Victoria), permitió el ingreso en la corte del monje Rasputín. La influencia cada vez mayor de éste en la corte propició aún más la mala imagen que se tenía de la monarquía rusa, ayudando a las revoluciones posteriores y a la salida de Rusia de la guerra, esto lo veremos con más detalle posteriormente.
Al comenzar la Gran guerra varios de los reyes que se enfrentaron eran parientes, Guillermo II rey de Alemania era nieto de la reina Victoria, su primo hermano Jorge V reinaba en Inglaterra, así como su primo político en Rusia, el zar Nicolás II, casado con la ya mencionada emperatriz Aleksandra, prima hermana de Guillermo II.

Revoluciones en Francia.
La historia de Francia en el siglo XIX fue un hervidero de revueltas y cambios políticos. La Revolución francesa llevó a la Primera república (1792-1804), que terminó con la subida de Napoleón Bonaparte al poder, más exactamente hasta su auto entronización, la etapa en que Napoleón fue emperador se conoció como Primer imperio francés (1804-1814. 1815). Después llegó la Restauración (1814. 1815-1830) con la vuelta al poder de los Borbones en persona de Luis XVIII, interrumpida brevemente por los Cien días: tiempo que comprende la huida de Napoleón de Elba y subida de nuevo al poder, hasta su derrota definitiva en Waterloo. La restauración termina con la revolución de 1830, inmortalizada en el cuadro de Eugène Delacroix La liberté guidant le peuple, esta llevo al poder a Luis Felipe I, fue una de las revoluciones conocidas como liberales o burguesas, este ciclo se conoció como Monarquía de Julio (1830-1848), combatida a su vez por la fallida revuelta de 1832, que utilizara Víctor Hugo para su novela Los miserables. En 1848 llega el breve tiempo conocido como la Segunda república (1848-1852) en el cual sube al poder Luis Napoleón Bonaparte como presidente, pero luego traiciona los ideales de la república y se hace nombrar emperador a través de un plebiscito, sube al trono con el nombre de Napoleón III (Víctor Hugo le llamaría Napoleón el Pequeño), el nombre que recibe esta etapa es Segundo imperio francés (1852-1870). Durante el reinado de Napoleón III se presenta uno de los hechos que más influenciaron la Primer guerra mundial, la Guerra franco-prusiana, que ya hemos contado anteriormente. La principal consecuencia de esta guerra fue la unificación de Alemania, así como la humillación de Francia, los acuerdos de paz llevaron a la pérdida de las provincias de Alsacia y Lorena ricas en carbón y hierro. Los nombres de estas provincias aparecerán recurrentemente en la historia posterior de los conflictos entre Alemania y Francia, hasta que termine después de la Segunda guerra mundial con el Pacto del carbón y del acero. Adicionalmente Alemania impuso el pago de grandes sumas de dinero como compensación de guerra, los resentimientos con Alemania son ya irreconciliables. Tras la derrota francesa Napoleón III abdica y los republicanos se toman la asamblea formando la Tercera república (1870-1940) la cual nos acompañará hasta la Gran guerra. Para no dejar inconclusa la cronología política de Francia diremos que este período termina con la invasión alemana a Francia durante la Segunda guerra mundial, lo que lleva a la Francia de Vichy y la Francia libre en el exilio. Tras la derrota alemana llega, después de un breve período de gobierno provisional, la Cuarta república (1946-1958), a la cual le sucede, la Quinta república (1958-hasta nuestros días).

Estados Unidos y su doctrina del destino manifiesto
La doctrina del destino manifiesto era la creencia que tenían los estadounidenses que su nación estaba predestinada a crecer desde el Atlántico hasta el Pacífico, era una expansión evidente en sí misma. Aunque no oficialmente esta doctrina regiría la historia de los Estados Unidos durante el siglo XIX, en este proceso de expansión acabarían con pueblos aborígenes enteros en las luchas épicas del hombre civilizado contras los elementos salvajes en el lejano oeste. Del vaquero contra los indios, bisontes, mexicanos.
La Guerra estadounidense-mexicana (1846-1848) inició debido a la defensa que hizo Estados Unidos del más reciente miembro de la Unión, el estado de Texas. Texas era territorio mexicano, luego de permitir que colonos de Estados Unidos se asentaran en él, el número y poder de estos fue creciendo hasta tal punto que declararon su independencia en 1836, dando origen a la República de Texas, proyecto efímero que terminó con su adhesión a los Estados Unidos en 1846. Cuando México reclamó que las fronteras con Texas iban hasta el río Nueces y no hasta el río Bravo como sostenía Texas, Estados Unidos viendo su oportunidad declaró la guerra rápidamente a México llegando a tomarse a Ciudad de México incluso. Como parte de las condiciones para el fin de la guerra, México tuvo que ceder a la Unión los territorios de la Alta California y Santa Fe de Nuevo México, los actuales estados de Arizona, California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. La tierra traspasada significa el 14,9% del área total del territorio de los Estados Unidos actualmente, y el 119% del territorio actual de México. En la figura se muestra el territorio cedido, es interesante notar cual fue la propuesta de Samuel Houston como compensación de guerra, la línea fucsia.

En su ensayo sobre la desobediencia civil el estadounidense Henry David Thoreau habla sobre sus principios básicos. Él pone en práctica estos principios dejando de pagar impuestos, en oposición a su propio país, el que consideraba un régimen esclavista y que iniciaba guerras injustificadas como contra México.
Hay que tener en cuenta este proceder imperialista de los Estados Unidos, en particular esta guerra, para entender su participación en la Primera guerra mundial, y la decisión de entrar en ella una vez descubierto el telegrama Zimmermann, el cual era una propuesta del imperio alemán a México para aliarse contra Estados Unidos en caso que éste decidiera entrar a la guerra. Entre los beneficios que podría acarrear esta alianza estaba la devolución de los territorios arrebatados.

Unificación de Italia
Desde inicios del siglo XIX Italia había querido unificarse pero el Imperio austríaco estaba presto para impedir cualquier tipo de unificación, pese a ello y gracias en gran parte al apoyo prestado por Napoleón III convencido por el conde de Cavour, Italia pudo comenzar su camino hacia la unificación. Este consistió en expulsar a los austríacos del norte, la Lombardía era contralada por Austria, y su entrega al Piamonte. En una segunda fase Garibaldi unificará los estados del sur y los entregará al rey Víctor Manuel II, a través de plebiscitos, no del todo claros, se unificaron Nápoles, las dos Sicilias y  los Estados pontificios. Quedando pendientes Roma, regida por el papa, y el Véneto en poder de los austríacos.
Con el inicio de la Guerra austro-prusiana por la supremacía en el mundo germánico, los italianos aprovecharon la oportunidad para conquistar Véneto aliándose con los prusianos y tomando Venecia. Finalmente luego de la Guerra franco-prusiana, Italia una vez más juega sus cartas y toma Roma pese a las protestas del papa que se considera prisionero en el Vaticano.
Así llega Italia a la Primera guerra mundial, con territorios todavía irredentos: Trentino, Alto Adigio, Trieste, Istria y Dalmacia, las cuales permanecían bajo el dominio austríaco. Pese a la clara animosidad imperante entre Austria-Hungría y los italianos, formaron junto con la Alemania Bismarck el pacto conocido como la Triple alianza, el cual no impidió que Italia una vez comenzara la Gran guerra lo abandonara y pasara al bando contrario bajo la promesa de recibir los territorios irredentos en detrimento de Austria-Hungría.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario