Para terminar con los
antecedentes no cercanos de la Primera guerra mundial, abordaremos las demás
potencias europeas y Estados Unidos, durante el siglo XIX.
La época victoriana.
Después de las guerras
napoleónicas, se vivió un período de relativa paz nunca antes visto en la
historia de Europa, lo que favoreció el florecimiento de la economía. Es cierto
que hubo varios enfrentamientos y guerras durante el siglo XIX, pero en su
mayoría se trataron de disputas locales o que involucraban dos potencias, por
ejemplo, las guerras de independencia latinoamericanas, la Guerra de los Bóers,
la Guerra franco-prusiana, la Guerra de Estados Unidos contra México, la Guerra
ruso-japonesa, guerras que no escalaron más allá del escenario donde se
enfrentaban, aunque su repercusiones sí hayan trascendido. Esta paz, sin
embargo, era frágil.
Las mayores beneficiadas de este
período pacífico fueron Inglaterra y Francia, las cuales alcanzaron una
primacía mundial, la primera, y una hegemonía en Europa la segunda. Esto se
debió al auge de sus actividades económicas y a la concordia mutua, después de
siglos de guerras entre las dos. Para los ingleses el liberalismo económico pasó
a ser un dogma, sin importar si se era whig (liberales) o tory (conservadores)
todos evolucionaron el régimen liberal, esto enmarcado en la regencia de la
reina Victoria.
La reina Victoria
subió al poder siendo muy joven y se casó con su primo alemán Albert príncipe de Sajonia-Coburgo-Gotha.
Contrario a la tradición fue un matrimonio enamorado, de ahí que una de sus
ideas para lograr una paz continuada en el continente fuera la de emparejar las
diferentes casas reinantes de Europa entre ellas y con sus hijos. Consideraba
que si todos los reyes y emperadores eran parientes no podría presentarse una
guerra fratricida. No contaba con que la época dorada de las monarquías llegara
a su ocaso, y con ello su poder de influencia en las decisiones de cada país. Esta
estrategia trajo consigo dos desgracias, la primera, que no logró evitar la
guerra y la segunda en el ámbito familiar, la hemofilia. La tradición de
emparejar casas dinásticas se presentaba en Europa desde hacía ya mucho tiempo,
estás relaciones incestuosas hacían que defectos congénitos pasaran de
generación en generación y se acentuaran en lugar de desaparecer. El ejemplo
más conocido era el prognatismo (quijada pronunciada) que se presentaba principalmente
en la casa de Habsburgo, llegando incluso a extremos en donde algunos príncipes
no podían masticar en lo absoluto. Una gran quijada pasó a ser el sello de un
rey y símbolo de distinción, tanto que si un hijo no nacía feo, era clara señal
de infidelidad de la reina. Esto se debe a la presencia de un gen defectuoso, las
relaciones endogámicas aumentan la probabilidad de que los hijos tengan este
gen y en el caso extremo de que esta conducta se prolongue por generaciones
hace que se incremente más su influencia, el cual era el caso de los Habsburgo
y otras casas. Esto mismo sucedió con muchos de los descendientes de la reina
Victoria, pero esta vez con la hemofilia, pasando a ser conocida desde
entonces como la enfermedad de los reyes. Esta enfermedad tuvo una inopinada influencia
en el desenlace de la Primera guerra mundial, ya que el biznieto de la reina
era el zarévich Alexéi, hemofílico y por cuyos padecimientos su madre, la
emperatriz Aleksandra Románova (nieta preferida de Victoria), permitió el
ingreso en la corte del monje Rasputín. La influencia cada vez mayor de éste en
la corte propició aún más la mala imagen que se tenía de la monarquía rusa,
ayudando a las revoluciones posteriores y a la salida de Rusia de la guerra,
esto lo veremos con más detalle posteriormente.
Al comenzar la Gran guerra varios
de los reyes que se enfrentaron eran parientes, Guillermo II rey de Alemania era
nieto de la reina Victoria, su primo hermano Jorge V reinaba en Inglaterra, así
como su primo político en Rusia, el zar Nicolás II, casado con la ya mencionada
emperatriz Aleksandra, prima hermana de Guillermo II.
Revoluciones en Francia.
La historia de Francia
en el siglo XIX fue un hervidero de revueltas y cambios políticos. La Revolución
francesa llevó a la Primera república (1792-1804), que terminó con la subida
de Napoleón Bonaparte al poder, más exactamente hasta su auto entronización, la
etapa en que Napoleón fue emperador se conoció como Primer imperio francés
(1804-1814. 1815). Después llegó la Restauración (1814. 1815-1830) con la
vuelta al poder de los Borbones en persona de Luis XVIII, interrumpida
brevemente por los Cien días: tiempo que comprende la huida de Napoleón de Elba y subida de nuevo al poder, hasta su derrota definitiva en
Waterloo. La restauración termina con la revolución de 1830, inmortalizada en
el cuadro de Eugène Delacroix La liberté
guidant le peuple, esta llevo al poder a Luis Felipe I, fue una de
las revoluciones conocidas como liberales o burguesas, este ciclo se conoció
como Monarquía de Julio (1830-1848), combatida a su vez por la fallida revuelta
de 1832, que utilizara Víctor Hugo para su novela Los miserables. En 1848 llega
el breve tiempo conocido como la Segunda república (1848-1852) en el cual sube
al poder Luis Napoleón Bonaparte como presidente, pero luego traiciona los
ideales de la república y se hace nombrar emperador a través de un plebiscito,
sube al trono con el nombre de Napoleón III (Víctor Hugo le llamaría Napoleón
el Pequeño), el nombre que recibe esta etapa es Segundo imperio francés
(1852-1870). Durante el reinado de Napoleón III se presenta uno de los hechos
que más influenciaron la Primer guerra mundial, la Guerra franco-prusiana, que ya hemos contado anteriormente. La principal consecuencia de esta guerra fue
la unificación de Alemania, así como la humillación de Francia, los acuerdos de
paz llevaron a la pérdida de las provincias de Alsacia y Lorena ricas en carbón
y hierro. Los nombres de estas provincias aparecerán recurrentemente en la
historia posterior de los conflictos entre Alemania y Francia, hasta que
termine después de la Segunda guerra mundial con el Pacto del carbón y del
acero. Adicionalmente Alemania impuso el pago de grandes sumas de dinero como
compensación de guerra, los resentimientos con Alemania son ya irreconciliables.
Tras la derrota francesa Napoleón III abdica y los republicanos se toman la
asamblea formando la Tercera república (1870-1940) la cual nos acompañará hasta
la Gran guerra. Para no dejar inconclusa la cronología política de Francia
diremos que este período termina con la invasión alemana a Francia durante la
Segunda guerra mundial, lo que lleva a la Francia de Vichy y la Francia libre
en el exilio. Tras la derrota alemana llega, después de un breve período de gobierno
provisional, la Cuarta república (1946-1958), a la cual le sucede, la Quinta
república (1958-hasta nuestros días).
Estados Unidos y su doctrina del destino manifiesto
La doctrina del destino
manifiesto era la creencia que tenían los estadounidenses que su nación estaba
predestinada a crecer desde el Atlántico hasta el Pacífico, era una expansión
evidente en sí misma. Aunque no oficialmente esta doctrina regiría la historia
de los Estados Unidos durante el siglo XIX, en este proceso de expansión
acabarían con pueblos aborígenes enteros en las luchas épicas del hombre
civilizado contras los elementos salvajes en el lejano oeste. Del vaquero
contra los indios, bisontes, mexicanos.
La Guerra
estadounidense-mexicana (1846-1848) inició debido a la defensa que hizo Estados
Unidos del más reciente miembro de la Unión, el estado de Texas. Texas era
territorio mexicano, luego de permitir que colonos de Estados Unidos se asentaran
en él, el número y poder de estos fue creciendo hasta tal punto que declararon su
independencia en 1836, dando origen a la República de Texas, proyecto efímero
que terminó con su adhesión a los Estados Unidos en 1846. Cuando México reclamó
que las fronteras con Texas iban hasta el río Nueces y no hasta el río Bravo
como sostenía Texas, Estados Unidos viendo su oportunidad declaró la guerra rápidamente
a México llegando a tomarse a Ciudad de México incluso. Como parte de las condiciones
para el fin de la guerra, México tuvo que ceder a la Unión los territorios de
la Alta California y Santa Fe de Nuevo México, los actuales estados de Arizona,
California, Nevada, Utah, Nuevo México y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y
Oklahoma. La tierra traspasada significa el 14,9% del área total del territorio
de los Estados Unidos actualmente, y el 119% del territorio actual de México.
En la figura se muestra el territorio cedido, es interesante notar cual fue la
propuesta de Samuel Houston como compensación de guerra, la línea fucsia.
En su ensayo sobre la
desobediencia civil el estadounidense Henry David Thoreau habla sobre sus
principios básicos. Él pone en práctica estos principios dejando de pagar
impuestos, en oposición a su propio país, el que consideraba un régimen
esclavista y que iniciaba guerras injustificadas como contra México.
Hay que tener en cuenta este
proceder imperialista de los Estados Unidos, en particular esta guerra, para
entender su participación en la Primera guerra mundial, y la decisión de entrar
en ella una vez descubierto el telegrama Zimmermann, el cual era una propuesta
del imperio alemán a México para aliarse contra Estados Unidos en caso que éste
decidiera entrar a la guerra. Entre los beneficios que podría acarrear esta
alianza estaba la devolución de los territorios arrebatados.
Unificación de Italia
Desde inicios del
siglo XIX Italia había querido unificarse pero el Imperio austríaco estaba
presto para impedir cualquier tipo de unificación, pese a ello y gracias en
gran parte al apoyo prestado por Napoleón III convencido por el conde de Cavour,
Italia pudo comenzar su camino hacia la unificación. Este consistió en expulsar
a los austríacos del norte, la Lombardía era contralada por Austria, y su
entrega al Piamonte. En una segunda fase Garibaldi unificará los estados del
sur y los entregará al rey Víctor Manuel II, a través de plebiscitos, no del
todo claros, se unificaron Nápoles, las dos Sicilias y los Estados pontificios. Quedando pendientes Roma,
regida por el papa, y el Véneto en poder de los austríacos.
Con el inicio de la Guerra austro-prusiana
por la supremacía en el mundo germánico, los italianos aprovecharon la oportunidad
para conquistar Véneto aliándose con los prusianos y tomando Venecia.
Finalmente luego de la Guerra franco-prusiana, Italia una vez más juega sus
cartas y toma Roma pese a las protestas del papa que se considera prisionero en
el Vaticano.
Así llega Italia a la Primera guerra mundial, con territorios todavía irredentos: Trentino, Alto Adigio, Trieste, Istria y Dalmacia, las cuales permanecían bajo el dominio austríaco. Pese a la clara animosidad imperante entre Austria-Hungría y los italianos, formaron junto con la Alemania Bismarck el pacto conocido como la Triple alianza, el cual no impidió que Italia una vez comenzara la Gran guerra lo abandonara y pasara al bando contrario bajo la promesa de recibir los territorios irredentos en detrimento de Austria-Hungría.




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