viernes, 1 de agosto de 2014

Influencia de la guerra de los 30 años en la formación tardía del estado alemán


A propósito de una charla que tuve hace poco en donde hablaba de cuán lejos había que retroceder en la historia para encontrar influencias que llevaran al estallido de la I guerra mundial, recordé el análisis hecho por Dietrich Schwanitz sobre la influencia de la guerra de los Treinta años en la formación tardía del estado alemán. Sé que otros analistas retroceden mucho más en su propósito de determinar causas, hasta la prehistoria misma, al cambio de la sociedad nómada cazadora-recolectora a una sociedad sedentaria agrícola, lo que llevo a las primeras ideas de pertenencia de la tierra, semilla del concepto de nación. Como no he leído un análisis que hilvane estos acontecimientos, prefiero remitirme al que sí leí. Aquí está:

 

Alemania: el derrumbe

En Alemania, la guerra de los Treinta Años (1618-1648) supuso una catástrofe en pérdida de vidas humanas. Los principios rectores de esta guerra fueron dos:

  • establecer la supremacía entre la confesión católica o la protestante,
  • decantarse por la hegemonía del Imperio y del emperador o por la independencia de los príncipes.

La guerra condujo a la independencia de los príncipes, bloqueando así la formación de un Estado nacional, con el resultado de la desmembración del Imperio en pequeños estados. Tal situación introdujo un elemento de indecisión en lo que respecta a la lucha entre las dos confesiones religiosas, pues cada príncipe determinará qué confesión ha de prevalecer en su Estado: el principado de Bayreuth, por ejemplo, es protestante; el obispado de Bamberg, católico. Desde el punto de vista confesional, Alemania se convierte en un mosaico como se aprecia hasta hoy mismo en las distintas idiosincrasias regionales: el sur –es decir Austria, Baviera y Baden, pero no Württemberg– es católico; en el oeste tampoco se ha hecho la luz, ni en el Palatinado, Renania y el sur de Oldemburgo. ¿Qué dice el mito de creación westfaliano? «Y Dios dijo: “¡Qué se haga la Luz!” Pero sólo dos lugares permanecieron a oscuras, Paderborn y Münster. » Essen, por el contrario, al igual que la Baja Sajonia, Turingia, Anhalt, Sajonia, Schleswig-Holstein, Mecklemburgo y Prusia son protestantes. Durante mucho tiempo, este mapa también ha determinado la distribución del color político, ya que, hasta hace poco, en las regiones católicas se votaba al CDU (Unión Cristiana Demócrata), mientras que en las protestantes se prefería al SPD (Partido Socialista Alemán).

Desde el punto de vista estatal, Alemania permaneció fragmentada hasta el surgimiento del Segundo Reich en 1870-1871. Como no había una capital, tampoco se desarrolló ninguna sociedad urbana que pudiera marcar las pautas de la nación en relación con el gusto, la lengua y la forma de vivir. Los alemanes perdieron el contacto con la cultura del lenguaje y del entendimiento mutuo: el diálogo, la retórica, la conversación, la sutileza, la charla, la comprensión, el refinamiento, el humor, la elegancia expresiva, todo esto no forma parte precisamente de las cualidades por las que se les conoce en otros países. Así, los alemanes se refugiaron en el lenguaje más allá del lenguaje: en el canto y en la música; o en la mera intransigencia.

Por lo demás, la larga masacre de la guerra de los Treinta Años convirtió a los alemanes en gente desconsolada y deseosa de encontrar la muerte. En algunas regiones, la guerra supuso el exterminio de un tercio de la población, una matanza en la que participó casi toda Europa: Francia, Dinamarca, Suecia, España, Polonia y otros muchos países. Alemania quedó destrozada, sumida en la barbarie y profundamente traumatizada. La memoria colectiva no ha logrado superar estos hechos.

Por otra parte, Alemania quedó excluida de la carrera de las naciones. No reaparecerá hasta pasado más de dos siglos, y lo hará dividida en dos bloques: Prusia y Austria, con el actual sur de Alemania en el medio. El país entró en la modernidad por un camino catastrófico marcado por la calamidad y la tragedia. Le faltó un Estado nacional, que es, precisamente, la forma en que la democracia empezó manifestándose.

Los casos de Francia e Inglaterra fueron totalmente diferentes. Su ascenso comenzó justo entonces, aunque ambos países recorrieron caminos muy diferentes entre sí.

Dietrich Schwanitz. “La Cultura. Todo lo que hay que saber”

 

Dietrich Schwanitz nació en 1940. Estudió Filología inglesa, Historia y Filosofía en las universidades de Münster, Londres, Filadelfia y Friburgo. De 1978 a 1997 fue profesor de Cultura y Literatura inglesa en la Universidad de Hamburgo. Ha publicado entre otros libros, El Campus, La historia de la cultura inglesa, El Síndrome Shylock y El círculo.

Schwanitz, uno de los autores más controvertidos de la escena cultural europea, murió en diciembre de 2004.

2 comentarios:

  1. Hola Robert como ves estoy siguiendo tu blog, el cual coincide en un momento de mi vida en que estoy interesado en los acontecimientos que dieron inicio a la primera guerra mundial y estoy de acuerdo contigo, que para hablar de la primera guerra mundial, no es necesario remontarse a la prehistoria. Pero si irse un poco más atrás hasta los inicios del siglo XVI cuando el Papa León X quien era la máxima autoridad, necesitaba dinero para la construcción de la Basílica de San Pedro. Y por allá en el bajo clero, tenía a un monje que criticaba “las Indulgencias” y por eso, el monje quien es, nadie mas que Martín Lutero, es excomulgado y de ahí nace el protestantismo que son los que se enfrentan con los católicos en la guerra de los 30 años.
    NOTA: Que vaina Martín Lutero Inicia el protestantismo por no estar de acuerdo con las Indulgencias que pedía León X y ahora los protestantes exigen el diezmo.

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    1. Hola Tío, le había contestado pero no sé porque no se publicó mi comentario, lo que había dicho era que aquí está uno de las partes donde leí que decían que para encontrar los orígenes de la primera o segunda guerra, debía remontarse a la prehistoria, del libro "Sombra de antepasados olvidados" de Carl Sagan:

      "...
      Nos embarcamos pues en un estudio de las raíces políticas y emocionales de la carrera de armamento nuclear, el cual nos llevó a la segunda guerra mundial, que por supuesto tuvo su origen en la primera guerra mundial, la cual a su vez fue consecuencia de la aparición de la nación-estado, que se remonta directamente a los inicios de la civilización, la cual fue un subproducto de la invención de la agricultura y de la domesticación de los animales, que cristalizó después de un largo período en el que los hombres fuimos cazadores y recolectores. No había divisiones claras por el camino, ningún punto en el que pudiéramos decir: aquí están las raíces de nuestra situación. Antes de que pudiéramos damos cuenta, estábamos estudiando los primeros seres humanos y sus predecesores. Llegamos a la conclusión de que los acontecimientos de épocas remotas, muy anteriores a la existencia de los hombres, son esenciales para comprender la trampa que, al parecer, nuestra especie se está tendiendo a sí misma"

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