A propósito de una charla que tuve hace poco en
donde hablaba de cuán lejos había que retroceder en la historia para
encontrar influencias que llevaran al estallido de la I guerra mundial, recordé
el análisis hecho por Dietrich Schwanitz sobre la influencia de la guerra de
los Treinta años en la formación tardía del estado alemán. Sé que otros
analistas retroceden mucho más en su propósito de determinar causas, hasta la
prehistoria misma, al cambio de la sociedad nómada cazadora-recolectora a una
sociedad sedentaria agrícola, lo que llevo a las primeras ideas de pertenencia
de la tierra, semilla del concepto de nación. Como no he leído un análisis que hilvane
estos acontecimientos, prefiero remitirme al que sí leí. Aquí está:
Alemania:
el derrumbe
En Alemania, la guerra de los Treinta Años
(1618-1648) supuso una catástrofe en pérdida de vidas humanas. Los principios
rectores de esta guerra fueron dos:
- establecer la supremacía entre la confesión católica o la protestante,
- decantarse por la hegemonía del Imperio y del emperador
o por la independencia de los príncipes.
La guerra condujo a la independencia de los
príncipes, bloqueando así la formación de un Estado nacional, con el resultado
de la desmembración del Imperio en pequeños estados. Tal situación introdujo un
elemento de indecisión en lo que respecta a la lucha entre las dos confesiones
religiosas, pues cada príncipe determinará qué confesión ha de prevalecer en su
Estado: el principado de Bayreuth, por ejemplo, es protestante; el obispado de
Bamberg, católico. Desde el punto de vista confesional, Alemania se convierte
en un mosaico como se aprecia hasta hoy mismo en las distintas idiosincrasias
regionales: el sur –es decir Austria, Baviera y Baden, pero no Württemberg– es
católico; en el oeste tampoco se ha hecho la luz, ni en el Palatinado, Renania
y el sur de Oldemburgo. ¿Qué dice el mito de creación westfaliano? «Y Dios
dijo: “¡Qué se haga la Luz!” Pero sólo dos lugares permanecieron a oscuras,
Paderborn y Münster. » Essen, por el contrario, al igual que la Baja Sajonia,
Turingia, Anhalt, Sajonia, Schleswig-Holstein, Mecklemburgo y Prusia son
protestantes. Durante mucho tiempo, este mapa también ha determinado la
distribución del color político, ya que, hasta hace poco, en las regiones
católicas se votaba al CDU (Unión Cristiana Demócrata), mientras que en las
protestantes se prefería al SPD (Partido Socialista Alemán).
Desde el punto de vista estatal, Alemania
permaneció fragmentada hasta el surgimiento del Segundo Reich en 1870-1871.
Como no había una capital, tampoco se desarrolló ninguna sociedad urbana que
pudiera marcar las pautas de la nación en relación con el gusto, la lengua y la
forma de vivir. Los alemanes perdieron el contacto con la cultura del lenguaje
y del entendimiento mutuo: el diálogo, la retórica, la conversación, la
sutileza, la charla, la comprensión, el refinamiento, el humor, la elegancia
expresiva, todo esto no forma parte precisamente de las cualidades por las que
se les conoce en otros países. Así, los alemanes se refugiaron en el lenguaje
más allá del lenguaje: en el canto y en la música; o en la mera intransigencia.
Por lo demás, la larga masacre de la guerra de
los Treinta Años convirtió a los alemanes en gente desconsolada y deseosa de
encontrar la muerte. En algunas regiones, la guerra supuso el exterminio de un
tercio de la población, una matanza en la que participó casi toda Europa:
Francia, Dinamarca, Suecia, España, Polonia y otros muchos países. Alemania
quedó destrozada, sumida en la barbarie y profundamente traumatizada. La
memoria colectiva no ha logrado superar estos hechos.
Por otra parte, Alemania quedó excluida de la
carrera de las naciones. No reaparecerá hasta pasado más de dos siglos, y lo
hará dividida en dos bloques: Prusia y Austria, con el actual sur de Alemania
en el medio. El país entró en la modernidad por un camino catastrófico marcado
por la calamidad y la tragedia. Le faltó un Estado nacional, que es,
precisamente, la forma en que la democracia empezó manifestándose.
Los casos de Francia e Inglaterra fueron
totalmente diferentes. Su ascenso comenzó justo entonces, aunque ambos países
recorrieron caminos muy diferentes entre sí.
Dietrich
Schwanitz. “La Cultura. Todo lo que hay que saber”
Dietrich Schwanitz nació en 1940. Estudió Filología
inglesa, Historia y Filosofía en las universidades de Münster, Londres,
Filadelfia y Friburgo. De 1978 a 1997 fue profesor de Cultura y Literatura
inglesa en la Universidad de Hamburgo. Ha publicado entre otros libros, El Campus, La historia de la cultura inglesa, El Síndrome Shylock y El círculo.
Schwanitz, uno de los autores más controvertidos
de la escena cultural europea, murió en diciembre de 2004.
Hola Robert como ves estoy siguiendo tu blog, el cual coincide en un momento de mi vida en que estoy interesado en los acontecimientos que dieron inicio a la primera guerra mundial y estoy de acuerdo contigo, que para hablar de la primera guerra mundial, no es necesario remontarse a la prehistoria. Pero si irse un poco más atrás hasta los inicios del siglo XVI cuando el Papa León X quien era la máxima autoridad, necesitaba dinero para la construcción de la Basílica de San Pedro. Y por allá en el bajo clero, tenía a un monje que criticaba “las Indulgencias” y por eso, el monje quien es, nadie mas que Martín Lutero, es excomulgado y de ahí nace el protestantismo que son los que se enfrentan con los católicos en la guerra de los 30 años.
ResponderBorrarNOTA: Que vaina Martín Lutero Inicia el protestantismo por no estar de acuerdo con las Indulgencias que pedía León X y ahora los protestantes exigen el diezmo.
Hola Tío, le había contestado pero no sé porque no se publicó mi comentario, lo que había dicho era que aquí está uno de las partes donde leí que decían que para encontrar los orígenes de la primera o segunda guerra, debía remontarse a la prehistoria, del libro "Sombra de antepasados olvidados" de Carl Sagan:
Borrar"...
Nos embarcamos pues en un estudio de las raíces políticas y emocionales de la carrera de armamento nuclear, el cual nos llevó a la segunda guerra mundial, que por supuesto tuvo su origen en la primera guerra mundial, la cual a su vez fue consecuencia de la aparición de la nación-estado, que se remonta directamente a los inicios de la civilización, la cual fue un subproducto de la invención de la agricultura y de la domesticación de los animales, que cristalizó después de un largo período en el que los hombres fuimos cazadores y recolectores. No había divisiones claras por el camino, ningún punto en el que pudiéramos decir: aquí están las raíces de nuestra situación. Antes de que pudiéramos damos cuenta, estábamos estudiando los primeros seres humanos y sus predecesores. Llegamos a la conclusión de que los acontecimientos de épocas remotas, muy anteriores a la existencia de los hombres, son esenciales para comprender la trampa que, al parecer, nuestra especie se está tendiendo a sí misma"